El patrimonio escultórico de la Hermandad resulta, a todas luces, escogido. A la portentosa y casi «miguelangelesca» efigie del Divino Simulacro que es la talla del Santísimo Cristo de Burgos, se une la desconsolada dulzura del rostro de Madre de Dios de la Palma, Primer Sagrario vivo de la Cristiandad y eterno refugio y consuelo de sus nazarenos, costaleros y devotos.
Completan la nómina escultórica de la cofradía las tallas de Santa María Magdalena, del mismo autor que la Divina Madre de Dios, y el San Juan Evangelista, obra de D. Antonio Illanes.