En el evangelio de hoy, 23 de marzo, Jesús nos dice que no ha venido a abolir la ley o los profetas, sino que ha venido a dar plenitud. Y la plenitud nos la regala no solo con algún retoque en algunos de los mandatos antiguos, sino principalmente a través de su amistad. “A vosotros os llamo amigos”. Viene hasta nosotros para que podamos recorrer nuestro camino siempre unidos a él, desde la amistad con él. Una amistad que le lleva a instalarse en nuestro corazón. “El que come mi cuerpo y bebe mi sangre está en mí y yo en él”. Ciertamente eso es dar plenitud a lo vivido en el Antiguo Testamento por el pueblo judío.
También la buena memoria debe funcionar en los cristianos. Debemos recordar siempre todo lo que Jesús hizo y sigue haciendo por nosotros. Cada eucaristía pretende refrescar nuestra memoria para recordar el camino trazado por Jesús, el camino del amor, de la vida entregada, el que conduce a la resurrección, a la plenitud de la vida y de la felicidad. “Haced esto en memoria mía”. Un camino que da cumplimiento y va más allá de la ley y los profetas.