En el Evangelio de hoy, 15 de marzo, se nos presenta la llegada de Jesús a Jerusalén donde proclama la venida del Reino, pero es rechazado por los dirigentes religiosos de Israel. El comportamiento en la comunidad también es presentado a la luz y en contraste con el judaísmo del siglo I. Mateo pone en boca de Jesús tres prohibiciones dirigidas a los discípulos de atribuirse títulos honoríficos, académicos y religiosos (rabbí, padre, instructor). Estas prohibiciones “ad intra” de la comunidad, no solo salen al paso de posibles situaciones en el seno de esta, sino que cada una de ellas tienen alto contenido teológico. Las tres oraciones evocan el Shemá Israel (Dt 6,4), y con ellas se hace la profesión en un solo Dios, Padre del cielo y la confesión de un solo Cristo, el Mesías de Israel. La verdadera autoridad en la comunidad está ligada a la autoridad del Padre del cielo y a la de Jesús, único Maestro/Instructor, por tanto, los miembros de la comunidad son entre ellos hermanos y sus relaciones están caracterizadas por la igualdad.
Las tres prohibiciones de atribuirse títulos en la comunidad han de interpretarse a la luz de los versículos finales: “El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado”. Mateo lleva así la idea de igualdad y solidaridad hasta a su máximo exponente. En la comunidad de Jesús no se puede dar un modelo de líder desde claves jerárquicas. La nueva fraternidad implica la renuncia al propio prestigio y una vida en favor de la comunidad a través del servicio cuya medida ha establecido el propio Jesús.